Las entrañas podridas de la ciudad

11 Jun

El protagonista de la película, interpretado por Bradley Cooper, se aferra a su cámara de fotos conmocionado por los horrores que acaba de contemplar en el metro: un asesinato y la pésima traducción de “Stand clear of doors” por “Soporte claro de puertas”.

Las películas que exploran la fascinación por observar e inmortalizar un crimen a través de la fotografía o el vídeo son casi un subgénero del cine de suspense y de terror, con ejemplos tan célebres como La ventana indiscreta, Peeping Tom o Tesis. A primera vista, El vagón de la muerte (Midnight Meat Train), que narra cómo un fotógrafo descubre por azar en el metro a un posible asesino y se obsesiona con él, podría ir por la misma senda. Sin embargo, pertenece más bien al subgénero de personaje normal que comienza a hacer sinsentidos como perseguir por su cuenta a un villano y por el camino descubre que cuenta con magníficas cualidades deductivas y físicas, un tipo de argumento también muy célebre en el cine de terror y suspense.

Otro aspecto que llama a engaño es que en las reseñas se hable de un “fotógrafo neoyorquino”. El metro de Nueva York es antiguo, estrecho y laberíntico. Está sucio y en mal estado y cuenta con estaciones abandonadas. Funciona las veinticuatro horas del día, siete días a la semana, por lo que ciertas estaciones a ciertas horas tienen un ambiente poco recomendable. Es un escenario excelente para una trama de terror, pero cualquier sistema de metro lo es por lo que tiene de simbólico: evoca una suerte de descenso a los infiernos, a las entrañas podridas de la ciudad. Quizá por ello, porque cualquier metro es un buen escenario y porque rodar en el de Los Ángeles resultaba mucho más barato, los responsables de la película decidieron trasladarse a la otra costa.

Sin embargo, El vagón de la muerte juega a la ambigüedad: la ciudad no se nombra y aparecen algunas referencias al metro neoyorquino, como la existencia de trenes locales y exprés o el abandono de la City Hall Station. Pero con las estaciones no hay lugar a engaño: al contrario que las de Nueva York, las que aparecen en la película son nuevas y grandes. Éstas le sientan muy bien a la historia, ya que tienen un tono moderno, limpio y aséptico, como de sala de disección o de depósito de cadáveres, que encaja estupendamente con el “meat train” que el título en inglés anticipaba.

Las estaciones faraónicas de Los Ángeles.

Gracias a detalles como ése, la atmósfera resulta algo obvia pero está muy bien conseguida. La mayor parte de la cinta transcurre en interiores claustrofóbicos, en habitaciones que evocan los vagones del subterráneo al contar con ventanas que dejan pasar una luz fría y mortecina. Se nota que cuenta con profesionales y dinero. Es una lástima que los personajes estén mal construidos y que la trama avance dando bandazos. Además, la historia no se deja ningún cliché: está el asesino frío y meticuloso, el policía incrédulo, el protagonista curioso que se mete en problemas, su preocupada novia, su amigo fiel y un cocinero del bar al que acuden, que sirve para meter con calzador un par de momentos cómicos.

El vagón de la muerte circula por esas vías durante la mayor parte de su metraje, por lo que era de esperar un final previsible y manido como el resto. Para el pasmo del espectador, da un sorprendente giro en los últimos minutos. Un giro tan arriesgado, desvergonzado y rocambolesco que aunque no salva la película –es insalvable- sí que nos hace sentir algo de respeto hacia un cineasta que se atreve a terminar su obra de ese modo. 

Título original: Midnight Meat Train

Año: 2008

Ficha en IMDb

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3 comentarios to “Las entrañas podridas de la ciudad”

  1. Joseph_Ringo 18 de junio de 2012 a 1:44 am #

    Espero que no tarden en Filmaffinity en añadir el subgénero de “personaje normal que comienza a hacer sinsentidos como perseguir por su cuenta a un villano y por el camino descubre que cuenta con magníficas cualidades deductivas y físicas” xdddddddd

    Esta peli cada vez me cae más simpática. Primero fue el cartel y su traducción. Y ahora el hecho de que la peli cuente con un cocinero colega/bromista y con un final con poca vergüenza, elementos indispensables de las grandes obras.

  2. Pauler 26 de junio de 2012 a 4:39 pm #

    Ahora tengo ganas de ver la peli para ver ese giro argumental desvergonzado xD. La verdad es que con todos los fallos que describes la peli me parece charming. Debe ser la traducción lamentable de la puerta. Seguro que fue un becario con el Google Traductor xD.

    • Ana C 26 de junio de 2012 a 11:46 pm #

      Ya, esta es mucho mejor que las otras del blog y sí que vale la pena verla por el giro final. Yo nunca he visto cosa igual.

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