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Sorpresas te da la vida

3 Feb

Tengo un vago recuerdo de haber visto Muévete, esto es Nueva York dormitando en el sofá durante una plácida sobremesa. Es la película perfecta para ello: simple, blandita, agradable, no te hace pensar mucho pero no resulta demasiado ofensiva y se ve con cierto agrado. En este sentido es una buena mala película: consciente de lo que es y de sus limitaciones, se burla de sí misma.

La protagonizan las gemelas Olsen, que obviamente interpretan a un par de gemelas. A pesar de tener idénticos genes, las hermanas de la cinta no podrían ser más distintas. Una de ellas es una estudiante modelo, viste de rosa, se prepara discursos y es republicana. Republicana estadounidense: tiene en su cuarto un muñequito de George Bush Hijo y una foto con un actor y político muy querido por la autora de este blog, Arnold Schwarzenegger. La otra gemela viste de negro, es una gamberra y solamente está preocupada por la música rock.

olsen different

Es gracioso porque son iguales y diferentes a la vez.

Cuando comienza la película, el montaje y la escenografía acentúan lo diferentes que son las gemelas y sus intenciones. Una se prepara un discurso para obtener una beca para estudiar en Oxford y la otra quiere ver un rodaje de un vídeo de Simple Plan y de paso intentar colarles una maqueta. Una vive en una habitación rosa ordenada hasta extremos obsesivos y la otra en una cueva sucia y oscura. ¿Dónde podrían converger los destinos de estos personajes con objetivos tan dispares? Exacto. En Nueva York, donde se hacen las pruebas para la beca y se rueda el vídeo.

Allí se verán envueltas en una rocambolesca trama con la mafia china de por medio, en las que las persigue un malo interpretado por Eugene Levy, un actor conocido por hacer el papel del padre de Jim en las películas de la saga American Pie. A favor de este atentado contra el buen gusto se puede decir que está rodado con cierto brío: tiene un toque videoclipero -está dirigido a un público juvenil- que lo hace entretenido. Y siempre es un placer ver imágenes de Nueva York.

Las gemelas Olsen me dan algo de grima pero a la vez -y en parte por eso- me declaro fan de ellas. Al contrario que otros niños perdidos como Macaulay Culkin o Lindsay Lohan, han sabido reconducir su fama y rentabilizarla. Muévete, esto es Nueva York es su última película. Cuando la rodaron tenían 17 años y fueron nominadas a los premios Razzie. Estaba claro que su éxito radicaba en la gracia de ser gemelas y no en sus dotes para la actuación. Y basar tu participación en películas en la gracia de tener una gemela es una cosa que con la edad deja de ser rentable, a no ser que te dediques al porno.

Esto a las Olsen se les podría haber ido de las manos.

Esto se les podría haber ido de las manos.

Antes de que su carrera de actrices acabara con ellas o las llevara a terrenos demasiado sórdidos, las gemelas se pasaron al mundo de la moda, aprovechando sus contactos, la atención que recibían de los medios de comunicación y su particular sentido estético. Si soy fan de las gemelas no es por su faceta empresarial, es en gran parte por sus elecciones estéticas Man Repeller. Admiro que se dejen un pastón en ropa para parecer espantajos y no mujeres cañón, como intenta sin éxito Lohan.

Los precedentes nos hicieron imaginar un destino muy distinto para las gemelas. Las veíamos drogadictas perdidas, de fiesta en fiesta y trabajando más bien poco. Yendo quizás a algún reality y haciendo apariciones como artistas invitadas, por ejemplo en Dos hombres y medio en la época de Charlie Sheen. Probablemente ellas se imaginaron un futuro mejor, un futuro con una larga carrera como actrices, premios y felices matrimonios con jóvenes ricos de aspecto sanote, como los que encuentran en la película.

Lo que probablemente nadie imaginó es que algún día serían prósperas empresarias en la moda de lujo, especialmente porque su entrada en el sector textil fue en 2005, cuando sacaron una línea de ropa para preadolescentes que distribuyó Alcampo (clic aquí para leer la nota de prensa). Tampoco creo que Mary-Kate se imaginara saliendo con el hermano de Nicolás Sarkozy, y ahí están inmortalizados paseando por Nueva York junto a la hija de éste. Es un tópico tan manido como decir que la fama tiene un lado oscuro, pero no por ello deja de ser cierto: la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

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Mary-Kate fuma pero no espera a nadie.

Título original: New York Minute

Año: 2004

Ficha en IMDb

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Frankenputa

2 Ene
Frankenhooker considera que el transporte público en Nueva York podría mejorar.

Frankenhooker considera que el transporte público en Nueva York podría mejorar.

Por su carácter icónico, Times Square es un lugar de visita obligada para todos los turistas que se acercan a Nueva York. Sus numerosos estímulos -luces, sonidos, grandes pantallas, olor a fritanga- lo convierten en un lugar bastante hostil, aunque tiene cierto encanto distópico. Viéndolo ahora, con su Toys R Us gigante, su Hard Rock Café, sus Starbucks y su ambiente family and credit card friendly, cuesta creer que hasta los años noventa fuera un lugar poco recomendable, en el que las transacciones económicas y las ofertas de ocio eran muy distintas de las que hay ahora.

El cine nos ha ofrecido varias muestras de ello. Es en Times Square donde el ingenuo protagonista de Midnight Cowboy encuentra clientes cuando se halla en apuros económicos. Es en Times Square donde Iris, una prostituta de trece años, abre la puerta de un taxi y le pide al conductor que la aleje de su chulo. Es en Times Square donde el protagonista de Frankenhooker busca meretrices para obtener cuerpos con los que reconstruir y revivir a su novia fallecida. Es allí donde se dirige su novia revivida cuando ya no es una dulce chica de Nueva Jersey, sino todo un putón neoyorquino. Y es que las malas películas, por malas que sean, también son un testimonio histórico.

Buscando clientes en Times Square.

Buscando clientes en Times Square.

Como se intuye por su título y su argumento, Frankenhooker rezuma mal gusto por todos lados. Además, es de 1990, pero es hija legítima de los años ochenta en el mal sentido. Su estética, banda sonora y efectos especiales la delatan de la peor forma posible. Pertenece al momento en el que se popularizaron las películas algo subidas de tono sobre locuras estudiantiles y se dirige al mismo público que éstas, con las que comparte un tratamiento en apariencia despreocupado del sexo -hay tetas y culos por doquier- pero en el fondo conservador.

Se podría hacer un análisis de la película desde una perspectiva de género y recorrer muchos de las los aspectos que preocupan a la crítica feminista. ¿Frivolizar con pésimo gusto acerca de la prostitución? Aquí tenemos prostitutas muy tontas, impulsivas y chillonas. ¿Frivolizar sobre los motivos para ejercer esta labor? Se vuelven locas de contento ante la posibilidad de fumar crack o cuando ven a alguien airear un fajo de billetes. ¿Violencia contra la mujer? Hay un chulo que no solamente les da palizas, las marca como si fueran ganado. ¿Objetificación del cuerpo femenino? Tenemos una larga escena en la que el protagonista analiza, elige y marca con rotulador las partes de los cuerpos que prefiere para reconstruir a su novia. Cuando las prostitutas explotan por la droga que él les suministra, recoge los pedazos y se los lleva a su laboratorio en Nueva Jersey para crear a Frankenhooker con los que más le gustan.

Este culo me gusta.

I like big butts.

Si la perspectiva de género es terrible, no lo es menos la perspectiva cinematográfica. Los diálogos son malos y aburridos, las escenas gore ni siquiera son especialmente asquerosas ni divertidas y los actores son pésimos, a excepción de Patty Mullen, la atractiva modelo de Penthouse que interpreta a Frankenhooker con cierta vis cómica. Pero en conjunto es una película demasiado mala hasta para ser de serie B. Una cinta de nuevo hija de su época, cuando el vídeo y los videoclubes dieron un canal de distribución perfecto para productos de tan baja calidad y tan particulares como éste.

Título original: Frankenhooker

Año: 1990

Ficha en IMDb

Objetos de deseo

30 Jul

La evidente química entre Mila Kunis y Justin Timberlake en Con derecho a roce.

El año pasado coincidieron en la cartelera dos cintas muy similares, que trataban sobre amigos que deciden tener sexo sin ataduras: Sin compromiso (No strings attached), protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher, y Con derecho a roce (Friends with benefits) con Mila Kunis y Justin Timberlake. No comprendo el casting de la primera, pero el de la segunda me parece muy acertado. La mayor baza de la cinta es precisamente la evidente química entre Kunis y Timberlake. Esa química convierte la cinta en un gozoso guilty pleasure durante su primera media hora. Es fácil imaginar que los protagonistas siguen aquella premisa atribuida a Woody Allen: el sexo sólo es sucio si se practica bien.

Y es que tampoco hay que imaginar en demasía. Para sorpresa del espectador, esta comedia romántica trata las relaciones sexuales de forma relativamente explícita. Los personajes practican sexo oral y hay incluso una alusión al anal. Siempre, eso sí, cubiertos por una indispensable sábana. El supuesto avance respecto a otras cintas de su género no va muy lejos. Cuando se nos plantea la situación de los dos amigos ya sabemos cómo va a terminar la historia, y la chispa que tenía al principio Friends with benefits se diluye cuando entran en escena los sentimientos y los progenitores de los personajes. El conjunto se adereza con algo de drama familiar: el padre de él sufre alzhéimer,  lo que constituye una subtrama que está bastante fuera de lugar.

Además, por mucho que el personaje femenino parezca sin tapujos, al final es como todas las protagonistas de comedia romántica: está buscando un príncipe azul que le declare amor eterno de forma vistosa y aparatosa, a poder ser en Nueva York. Se suele criticar lo vacíos y estereotipados que son los personajes femeninos en las comedias románticas, pero los masculinos no les van a la zaga. Chicos guapos, exitosos y descerebrados que deciden de repente sentar la cabeza cuando se dan cuenta de que van a perder a su gran amor.

Quien tiene un follamigo tiene un tesoro.

Algunas comedias románticas -dirigidas por hombres-, nos han proporcionado algunos personajes masculinos más realistas. Por ejemplo el que interpretaba John Cusack en Alta Fidelidad (High Fidelity). Más recientemente, la muy superior a la media 500 días juntos (500 days of Summer) también realizaba un buen recorrido por el amor y el desamor del protagonista. Los personajes femeninos en estas comedias eran mejores que la media, pero quedaban algo desdibujados y no dejaban de ser esos objetos de deseo –complejos, fascinantes y misteriosos- a los que los sufridos protagonistas no acaban de comprender.

Es cierto que las chicas pueden ser complejas, fascinantes y misteriosas, magníficos objetos de deseo. Pero son además muchas otras cosas. Más recientemente, la película La boda de mi mejor amiga (lamentable traducción de Bridesmaids) y la serie de HBO Girls han retratado a mujeres más reales. Kristen Wiig (Bridesmaids) y Lena Dunham (Girls) escriben los diálogos e interpretan a sus protagonistas, mujeres con amores y amistades, aspiraciones, miedos, conflictos, inseguridades, alegrías y penas. Lo hacen con esa pátina de tristeza de las buenas comedias y por supuesto con humor. En ocasiones éste es fino y está basado en los diálogos, pero también emplean un humor más grueso al colocar a las chicas en situaciones crudas, obscenas o vergonzosas. Y es que también los objetos de deseo se ven envueltos en situaciones así.

Título original: Friends with benefits

Año: 2011

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Abstinencia en Nueva York

2 Jul

La conciliación de la vida laboral y familiar es un asunto complejo, en particular para las mujeres, que tradicionalmente se han ocupado de los hijos y a menudo han tenido que elegir entre su carrera y su descendencia. Este conflicto podría dar lugar a reflexiones y películas muy interesantes. También puede dar lugar a productos huecos como Tentación en Manhattan (I don’t know how she does it), que al final solamente es otro vehículo para que Sarah Jessica Parker haga lo que mejor sabe hacer: interpretar a un trasunto de Carrie Bradshaw, su personaje en la serie Sexo en Nueva York. En esta ocasión hay algunas variaciones: tiene marido e hijos y vive en Boston, aunque viaja bastante a la Gran Manzana.

Siempre trabajando, en Boston o en Nueva York.

Bajo una premisa aparentemente progresista, la película no solo es superficial y hueca, también tiene toques reaccionarios. Al final, viene a decir, por muy buena que sea en su trabajo y por muy llena que esté su vida, una mujer solamente se realiza de forma completa si tiene hijos, como se encargó de recordarnos hace unos meses nuestro ministro de Justicia. Esta idea la encarna en la película la asistente de la protagonista, la durísima Momo, una eficiente y guapa analista que es adicta al trabajo y está bastante amargada. Durante la mayor parte del metraje va vestida de negro y se muestra muy seria. No la vemos sonreír ni cambiar de tono de vestimenta hasta que sostiene a su propio retoño en brazos.

Pero qué importa Momo. En la película solamente hay una protagonista, Sarah Jessica Parker, y los demás personajes son secundarios que orbitan a su alrededor: su marido, interpretado por Greg Kinnear o su mejor amiga, una Christina Hendricks que en la gran pantalla no consigue papeles demasiado relevantes. El título en español de la película, Tentación en Manhattan, genera falsas expectativas. La supuesta tentación es otro secundario, su jefe en Nueva York, pero nunca llega a tentarla realmente: ella siempre tiene claro que su vida está en Boston con su familia.

La protagonista, Nueva York y su supuesta tentación.

El jefe en cuestión está interpretado por Pierce Brosnan, otro actor marcado por un personaje. Con su pose seductora, con sus ojillos entrecerrados que sin embargo dan la impresión de que se percata de todo, con esa forma de estar al cargo de la situación, no consigue evitar que nos olvidemos de Bond. Al igual que Parker, con su pose viva, parlanchina y pretendidamente graciosa no consigue –ni quiere- que nos olvidemos de Carrie. Ése será el papel por la que se la recuerde, no importa que antes de dar vida a la periodista neoyorquina llevara muchos años dedicándose a la interpretación, incluso con buenas críticas.

Antes de ser Carrie, Sarah-Jessica Parker incluso trabajó con Tim Burton en Mars Attacks y en Ed Wood. Esta segunda película es una suerte de biopic sobre el considerado peor director de la historia del cine, además de una conmovedora declaración de amor al séptimo arte y al impulso por crearlo. En ella dio vida a la actriz Dolores Fuller, la pareja de Wood y protagonista de algunas de sus malas películas. Por ello Parker se ganó mi respeto eterno y puede hacer todas las películas malas que quiera, incluso Sex and the City 2.

Sin embargo, la visión más habitual no es esa. La actriz tiene muchos admiradores -más bien admiradoras- que disfrutaron con la serie y la consideran un icono de estilo. Sus detractores alegan, entre otras cuestiones, que el personaje es cargante y que ella es fea. No sé cómo se sentirá la intérprete al respecto, si estará un poco cansada de ser Carrie o sentirá gratitud hacia el personaje por haberla hecho triunfar. En cambio sé que, al igual que Don Draper, puede contestar a sus detractores que ella duerme en una cama hecha de dinero. Y a diferencia del publicista más famoso de Madison Avenue, lo hace probablemente con unas estilosas sábanas de Alexander McQueen.

Título original: I don’t know how she does it

Año: 2011

Ficha en IMDb