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Objetos de deseo

30 Jul

La evidente química entre Mila Kunis y Justin Timberlake en Con derecho a roce.

El año pasado coincidieron en la cartelera dos cintas muy similares, que trataban sobre amigos que deciden tener sexo sin ataduras: Sin compromiso (No strings attached), protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher, y Con derecho a roce (Friends with benefits) con Mila Kunis y Justin Timberlake. No comprendo el casting de la primera, pero el de la segunda me parece muy acertado. La mayor baza de la cinta es precisamente la evidente química entre Kunis y Timberlake. Esa química convierte la cinta en un gozoso guilty pleasure durante su primera media hora. Es fácil imaginar que los protagonistas siguen aquella premisa atribuida a Woody Allen: el sexo sólo es sucio si se practica bien.

Y es que tampoco hay que imaginar en demasía. Para sorpresa del espectador, esta comedia romántica trata las relaciones sexuales de forma relativamente explícita. Los personajes practican sexo oral y hay incluso una alusión al anal. Siempre, eso sí, cubiertos por una indispensable sábana. El supuesto avance respecto a otras cintas de su género no va muy lejos. Cuando se nos plantea la situación de los dos amigos ya sabemos cómo va a terminar la historia, y la chispa que tenía al principio Friends with benefits se diluye cuando entran en escena los sentimientos y los progenitores de los personajes. El conjunto se adereza con algo de drama familiar: el padre de él sufre alzhéimer,  lo que constituye una subtrama que está bastante fuera de lugar.

Además, por mucho que el personaje femenino parezca sin tapujos, al final es como todas las protagonistas de comedia romántica: está buscando un príncipe azul que le declare amor eterno de forma vistosa y aparatosa, a poder ser en Nueva York. Se suele criticar lo vacíos y estereotipados que son los personajes femeninos en las comedias románticas, pero los masculinos no les van a la zaga. Chicos guapos, exitosos y descerebrados que deciden de repente sentar la cabeza cuando se dan cuenta de que van a perder a su gran amor.

Quien tiene un follamigo tiene un tesoro.

Algunas comedias románticas -dirigidas por hombres-, nos han proporcionado algunos personajes masculinos más realistas. Por ejemplo el que interpretaba John Cusack en Alta Fidelidad (High Fidelity). Más recientemente, la muy superior a la media 500 días juntos (500 days of Summer) también realizaba un buen recorrido por el amor y el desamor del protagonista. Los personajes femeninos en estas comedias eran mejores que la media, pero quedaban algo desdibujados y no dejaban de ser esos objetos de deseo –complejos, fascinantes y misteriosos- a los que los sufridos protagonistas no acaban de comprender.

Es cierto que las chicas pueden ser complejas, fascinantes y misteriosas, magníficos objetos de deseo. Pero son además muchas otras cosas. Más recientemente, la película La boda de mi mejor amiga (lamentable traducción de Bridesmaids) y la serie de HBO Girls han retratado a mujeres más reales. Kristen Wiig (Bridesmaids) y Lena Dunham (Girls) escriben los diálogos e interpretan a sus protagonistas, mujeres con amores y amistades, aspiraciones, miedos, conflictos, inseguridades, alegrías y penas. Lo hacen con esa pátina de tristeza de las buenas comedias y por supuesto con humor. En ocasiones éste es fino y está basado en los diálogos, pero también emplean un humor más grueso al colocar a las chicas en situaciones crudas, obscenas o vergonzosas. Y es que también los objetos de deseo se ven envueltos en situaciones así.

Título original: Friends with benefits

Año: 2011

Ficha en IMDb

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La camarera y el político

18 Jun

Es terrible que algunas películas desvelen todo su argumento en su tráiler, algo por desgracia muy habitual. Hay otras, unas pocas elegidas, que van todavía más allá y desvelan su argumento en el cartel. Sucedió en Manhattan (Maid in Manhattan) es una de ellas. En la parte de debajo del póster aparece Jennifer López vestida de empleada de la limpieza con expresión soñadora y en la parte de arriba ella misma con joyas, un elegante peinado y un apuesto galán interpretado por Ralph Fiennes, que no sabemos muy bien qué pinta en todo esto.

La historia de amor entre una empleada de la limpieza y un político seductor que se aloja en el hotel donde ella trabaja ya resultaba inocentona cuando se estrenó en 2002. Pero esta película se convierte en una broma algo oscura después de que en mayo de 2011 el entonces director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, fuera acusado de agredir sexualmente a una empleada de hotel en Manhattan. Ello le costó su puesto al frente de la institución y una candidatura a las presidenciales francesas. Al aspirante a congresista de la película, movido por la falta de prejuicios y el amor puro, la jugada le sale mejor: si algo nos ha enseñado el cine es que las buenas conductas se premian y las malas se castigan.

Por si hacer de Cenicienta no fuera suficiente, el personaje de Jennifer López es una madre divorciada y el conjunto se adereza con su hijo, un niño sabelotodo y algo repelente. Los niños suelen ser así en las comedias malas –y en algunas decentes-, en las que gracias a su inconsciencia infantil dicen lo que los adultos no son capaces de pronunciar. Para la desazón del público, resulta que el crío de la película es además un obseso de la política norteamericana y en especial de Richard Nixon. Una elección llamativa por lo controvertido de su figura, marcada por el escándalo Watergate, pero ya se sabe, cosas de niños. El político republicano interpretado por Fiennes encuentra entrañable esta fijación de la criatura y le da valiosos consejos sobre cómo pronunciar un discurso.

Aunque la química entre la pareja protagonista sea nula, me sorprende leer que para el papel femenino se pensó en Hillary Swank, Sandra Bullock o Julia Roberts. Por muy célebre que sea la interpretación de Roberts en otra versión de La Cenicienta, la elección de Jennifer López para el papel resulta mucho más acertada. Al igual que la protagonista de la cinta, es de origen puertorriqueño, se crió en el Bronx y sabe lo que es ascender de clase social, aunque no lo hiciera a gracias a su pareja. López es consciente de que su historia la hace conectar muy bien con determinado sector del público y por eso suele reivindicar su procedencia, no sólo en la película, también en anuncios o en sus canciones: “Don’t be fooled by the rocks that I got / I’m still, I’m still, Jenny from the block / used to have a little, now I have a lot / no matter where I go, I know where I come from” (Que no te engañen las joyas que he conseguido / soy todavía la Jenny del barrio / tenía poco y ahora tengo mucho / no importa a dónde vaya, sé de dónde vengo), cantaba en uno de sus grandes éxitos.

Ralph Fiennes y Jennifer López se sienten algo incómodos en Central Park.

Título original: Maid in Manhattan

Año: 2002

Ficha en IMDb

Amores estacionales

4 Jun

Richard Gere y Winona Ryder, los endebles pilares de la película.

Otoño en Nueva York es una de las primeras películas que recuerdo haber visto con corta edad y siendo consciente de que era mala. Al revisionarla para escribir esto mis sentimientos no cambian. Las espectaculares imágenes de Nueva York son prácticamente lo único bueno de una cinta previsible que se apoya sólo en dos pilares: Richard Gere y Winona Ryder. En ocasiones, los intérpretes pueden contribuir a mejorar un desaguisado, pero no es el caso. Ambos sobreactúan y no hay por dónde coger esta historia, que ya partía de una premisa simple y familiar: un amor a contracorriente -en este caso por la diferencia de edad de los protagonistas- y marcado por la fatalidad.

Winona Ryder tiene una cara muy bonita y dulce, con un marcado aire juvenil. Luce el cabello corto y oscuro, lo que contrasta con su piel blanca y la hace parecer frágil y aniñada. Podría resultar encantadora con muy poco esfuerzo. Podría resultar encantadora sin hacer absolutamente nada. Sin embargo, se empeña en ofrecernos un catálogo de mohínes pretendidamente coquetos que no entendemos cómo pueden enamorar al personaje de Richard “corazón de piedra” Gere. A éste, que hace el papel de un millonario sofisticado y seductor, le ocurre algo similar: objetivamente es un madurito atractivo, pero tiene una pose cutre de tipo duro que no contribuye a hacerlo interesante.

El origen del destino trágico de la pareja -una enfermedad que padece ella-, se desvela bastante al inicio de la cinta, pero se intuye desde el título, ya que el otoño está cargado de connotaciones. Todas las estaciones lo están y el cine sabe sacar partido a esos recursos. La película sería una buena base para un ejercicio de estilo, si fuera posible trasladar a los personajes a otras épocas del año. Primavera en Nueva York sería una historia almibarada con final feliz, más insoportable si cabe que la original, por lo que no hay mucho que decir al respecto. En Verano en Nueva York los personajes vivirían como es obvio un amor de verano, pero no necesariamente en el sentido de efímero que se le da a la expresión. Podría ser un amor de verano sudoroso, en el que las pieles húmedas y brillantes de los personajes nos hicieran pensar que acaban de tener sexo. Una película erótica.

Invierno en Nueva York sería quizá la versión más compleja: podría mostrar un amor tormentoso y difícil, pero también un amor dulzón de abrazos al calor de la chimenea, perfecto para la temporada navideña. De optar por la opción amable, la película nos podría proporcionar algunas situaciones cómicas -con gran riesgo de dar vergüenza ajena-, como una escena en la que los amantes se desembarazarían de capas y capas de ropa antes de meterse en la cama. A diferencia de las otras, estaría rodada casi toda en interiores: el invierno en las ciudades, como decía Ángel González en uno de sus poemas, no ofrece muchos lugares propicios al amor.

El invierno en la ciudad, versión navideña.

Título original: Autumn in New York

Año: 2000

Ficha en IMDb