El jovencito que se convirtió en Schwarzenegger

29 May

Hércules conduce por Times Square.

Hay gente que está preocupada por el impacto que puedan tener en nuestras vidas laborales lo que colgamos en internet. Dudo que unas fotos con poses ridículas y sonrisas etílicas puedan dañar mucho nuestras carreras si Hércules en Nueva York no terminó con la de Arnold Schwarzenegger. Después de interpretar a un semidiós semidesnudo con marcado acento austríaco, este actor no sólo se convirtió en un icono del cine de acción gracias a títulos como TerminatorDesafío total, también llegó a ser gobernador de California.

Aunque alcanzó el éxito de una forma poco ortodoxa, Schwarzenegger representa muy bien el sueño americano: llegó como emigrante con los bolsillos vacíos y consiguió fama, dinero, poder y una vida de ensueño. Una vida que incluía una mansión, una familia ideal y una esposa perteneciente a la familia Kennedy. Todo se truncó cuando se reveló que había sido infiel y había tenido un hijo con una empleada doméstica, por lo que tuvo que mostrarse arrepentido y pedir perdón en público. Pero esa es otra historia. La que nos ocupa comienza a finales de los años sesenta, cuando el joven Schwarzenegger se alzó con el título de campeón mundial de culturismo, lo que lo llevó a protagonizar la película. Por aquel entonces acababa de llegar a Estados Unidos. Tenía veintidós años, unos músculos extraordinarios, un acento pésimo y un apellido impronunciable. Doblaron su voz y lo hicieron aparecer bajo el nombre de Arnold Strong.

La cinta es tan disparatada que una crítica podría consistir en describir su argumento y enumerar algunos de sus momentos estelares. Hércules se aburre de la vida en el Olimpo y decide bajar a la tierra en contra de la voluntad de su padre, Zeus. Tiene la inmensa suerte de terminar por azar en Nueva York. Allí se mete en algunas peleas, se hace amigo de un vendedor de pretzels, conduce un carro por Times Square, impresiona a unos deportistas en Central Park, pelea con un oso, sale con una chica, sube al Empire State… Explicada así, suena más divertida de lo que realmente es. La película pone a prueba al más irónico de los espectadores, en buena medida por sus diálogos, que son demasiado largos y sin ninguna gracia. Además, el protagonista resulta algo antipático -“I’m Hercules!”, exclama ante contrariedades como no tener dinero para pagar el taxi-, y los otros personajes son algo cargantes.

Solemos tener la sensación de que en el pasado se hacía mejor cine, pero lo que ocurre es que el mal cine deja de interesar, nadie se preocupa por proyectarlo ni editarlo y se olvida. Contra todo pronóstico, hay algunas películas de dudosa calidad que pasan el filtro del tiempo. Ocurre con algunos títulos antiguos de ciencia ficción, que por su argumento naif o descabellado y sus limitados efectos especiales todavía hoy son capaces de cautivar. No es el caso de Hércules en Nueva York, que es simplemente mala y aburrida. Si hoy es sencillo conseguirla –existen varias ediciones en DVD– es porque aquel jovencito hipermusculado y balbuceante se convirtió en Arnold Schwarzenegger.

Título original: Hercules in New York

Año: 1969

Ficha en IMDb

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